lunes, 4 de febrero de 2008

Un hombre con poca nobleza.

Te admiro completamente, eres cómo un especie de héroe par mi, te admiro bastante por tu valentía, eres mi ejemplo a seguir. Le decía Lucas Mejia a José Martín. El narqillo de barrio.
José Martín con poco entusiasmó y cabizbajo le contaba las atocidades qué a cometido a lo largo de su trayectoria cómo narcotrafincante, le decia los actos más terribles qué puede cometer un hombre singular, le decia también con una prufunda y extraña nostalgia que por su trabajo tan miserable y ruin se había visto en la necesidad de matar, violar mujeres y secuestrar gente a cambio de cuantiosas cantidades de dinero y una suma de delitos más. José Martín valvuceaba con indigno recelo que toda su vida, sus 32 años de edad los había vivido bajo el yugo de la delincuencia organizada, que todo lo que había adquirido eran debido a su labor cómo narcotraficante. Le sonreía con avidez su espectador Lucas Mejia cómo todo adolecente que se entusiasma al percibir cierta magestuosidad. Le replicaba nuevamente José Martín; crees qué es de admirar a un tipo que a despojado de su vida a otro hombre sólo para obtener deliberadamente sus ambiciones, si piensas que este hombre que esta frente a ti es un héroe, valiente y admirable, estas tan equivocado, como yo elegir este umbral, este camino que no es sino para un cobarde, para un hombre desdichado y escrupuloso. No he podido ser capaz de ser un tipo honesto, noble y verdadero. Como aquel hombre que se ve a lo lejor de la calle que esta tranquilamente con su familia mientras placidamente pinta la pared del jardín de su casa, ese hombre es admirable por qué desgasta sus manos en cuidar a su familia y reparar su hogar, pero yo en cambio me he ensusiado las manos en matar gente y no pintar un bello hogar dónde pueda habitar tranquilamante mi familia, y no atemorizados como lo hacen. ¿ yo qué hecho en mi vida ? Nada más ser un hombre infeliz, miserable y amargado por todo el mal que he ocasionado con el tipo de vida llevo y me aberguenza ser lo que soy. Pero tu Lucas, deberías admirar a ese obrero que desgasta se alma para dar tranquilidad a su vida y a su familia, ese es realmente un hombre de respeto, un hombre noble y honorable, y no ese cree ser imponente por usar votas, traer una cheyenne negra, un nextel y tres celulares de la mejor marca. Esos somos puros cobardes, sinverguenzas y una tristeza para la sociedad y hasta el país, una aberración del mundo. Entindes pues por qué te digo esto, Lucas Mejia escuchaba sigilosamente e intrigado. Le decia José Marín; No soy más que una verguenza y aquel hombre obrero una tremenda muestra de que aún existe los hombres verdaderos, francos y nobles. en cambio yo simpre he sido un hombre con poca nobleza

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