jueves, 13 de noviembre de 2008

Ciudad en el poniente.

La sonrisa que se descuida.
Terriblemente ya no encuentro
muchas veces ni que decir y
solo recurro a leer los escritos
de nietzsche o los de schopenhauer
ponerme mis zapatos azules
que me traen un poco de alegría
al corazón. Mi cuidad en el poniente
según yo, calla, llora ferozmente.
Los arrabales repletos de muerte
traficantes, guitres, criaturas malvadas
y así dicen ser hijos de Dios ùnico.
Que vastedad, que sucio, que vacía se
ciente esta existencia efímera, que
detestante es este mundo, que triste
mi cuidad en el poniente color rojo sangre.

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